1. INTRODUCCIÓN.
Una tempestad de acontecimientos, diversos y contradictorios, azota y arrasa de modo inclemente la geografía natural y humana de nuestro país. No es un cataclismo natural. Es resultado de la crisis y de la descomposición social capitalista, así como de la ofensiva neoliberal que las potencias imperialistas, las corporaciones multinacionales y los organismos financieros internacionales desataron, desde el último cuarto del siglo pasado, para re-colonizar y tratar de fortificar su dominación imperial sobre las clases explotadas y los pueblos oprimidos del mundo entero.Pero a diferencia de la ofensiva que ha caracterizado el saqueo y la dominación colonial de Nuestra América, y a diferencia también de la fuerza huracanada con que se ha ido expandiendo y reestructurando paulatinamente la dominación del capital, la última escalada imperialista, belicista y neoliberal, ha profundizado a tal grado la desigualdad, la injusticia y la iniquidad en nuestro país, y en todo el orbe, que ha puesto en cuestión no sólo al neoliberalismo como modelo de acumulación de capital, sino a la misma acumulación capitalista como fundamento de la “moderna” sociedad burguesa y de su imperio global. Y esto, a su vez, ha abierto la posibilidad de que surja un nuevo tiempo histórico en México, al menos para los de abajo.En efecto, la posibilidad de que emerja, desde el México profundo, un nuevo tiempo histórico está inscrita en nuestro horizonte político inmediato. Se trata de una posibilidad creada por el surgimiento y despliegue de diversos movimientos anti-sistémicos al interior de las decadentes repúblicas -colonialistas y coloniales- que conforman el actual imperio mundial –capitalista y neoliberal-, cuya capacidad y tiempo histórico se agotan, no tanto por la irrefrenable y letal acumulación de capital, con sus recurrentes e inevitables crisis, como por el cáncer del autoritarismo, la corrupción, el crimen, la destrucción ecológica y demás lacras que conlleva dicho proceso social parasitario, tanto en los centros industrializados como en las periferias subdesarrolladas del capitalismo mundial.El surgimiento y desarrollo embrionario de nuevos modos -fraternos y solidarios- de producir y reproducir la existencia humana, promovidos por redes comunitarias de producción y comercio justo, y otras formas alternativas de cooperación y servicio, así como el surgimiento de una nueva política orientada a la construcción y articulación de un nuevo poder fundado en el reconocimiento y el respeto a la dignidad humana, son parte de la estrategia por la democracia, la liberación y el socialismo que han venido desplegando los pueblos oprimidos y clases explotadas al interior de las viejas repúblicas, en las que el dinero y el poder corrompen toda actividad política (incluida la de la izquierda institucional) y, en consecuencia, obstruyen la posibilidad de reconstituir, desde arriba, las relaciones sociales de producción y el “pacto social” en que descansa la decrépita república neoliberal.En nuestro país, estos nuevos modos –fraternos y solidarios- de producir y reproducir la existencia humana, y las diversas formas en que se expresa el poder de los de abajo, son parte de un proceso todavía fragmentado y disperso que, pese a ello, ha abierto la posibilidad de que surja un nuevo tiempo histórico. No obstante, para que el tiempo posible se transforme en tiempo real se requiere de conciencia, disposición y capacidad para sincronizar los tiempos políticos -todavía distintos- de los diversos movimientos sociales y políticos del país.La sola posibilidad de que un nuevo tiempo surja devela ya la fase de transición que atraviesa la nación mexicana. Transición que se caracteriza por la existencia de un doble poder representado, de una parte, por la república capitalista y colonial, dirigida –de modo fraudulento e ilegítimo- por la fracción más reaccionaria de la burguesía mexicana, y por las burguesías y gobiernos imperialistas. Y, de la otra, por la república digna, libre y justa, que los pueblos oprimidos, clases explotadas y sectores progresistas de nuestro país han venido construyendo de modo disperso al interior de la vieja república, desde abajo, en forma horizontal, autonómica y policéntrica, a partir de las experiencias, programas y estrategias de los diversos movimientos sociales y políticos -principalmente antisistémicos- del país. No está de más precisar que esta dualidad de poder es -por lo pronto- completamente asimétrica.Dentro de esta fase de transición, cada república se despliega y articula con base en sus propios tiempos políticos. Por lo que, teniendo la posibilidad de abrir un nuevo tiempo histórico, los de abajo no debemos -ni tenemos por qué- circunscribir nuestra actividad práctica a los tiempos políticos de legitimación de la vieja república, aunque no debemos perder de vista la actuación de los señores del dinero y del poder, pues necesitamos analizar sus contradicciones para actuar y hacer insostenible, desde la base, la dominación del capital.Dada la grave crisis que en todos los órdenes azota al pueblo de México y la dispersión que sigue privando entre las fuerzas de izquierda, el presente documento contiene un análisis contextual y una propuesta que, pese a sus limitaciones, pretenden abrir la discusión seria y fraterna, entre organizaciones y movimientos de la izquierda anticapitalista, a fin de establecer coincidencias políticas, articular estrategias y diseñar planes de trabajo que, tomando en cuenta los tiempos políticos e históricos que el país atraviesa, nos permitan actuar coordinadamente y contribuir al fortalecimiento y desarrollo de la incipiente república popular y, en consecuencia, acelerar el desfondamiento y desarticulación de la vieja república, capitalista y colonial.
Por una República Digna, Libre y Justa…
Oct. 2008/2009
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